{"id":1108,"date":"2019-04-10T03:32:31","date_gmt":"2019-04-10T03:32:31","guid":{"rendered":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/?p=1108"},"modified":"2019-04-21T20:40:29","modified_gmt":"2019-04-21T20:40:29","slug":"sumar-de-diamela-eltit-el-excedente-radical-de-la-ficcion-por-julio-ramos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/2019\/04\/10\/sumar-de-diamela-eltit-el-excedente-radical-de-la-ficcion-por-julio-ramos\/","title":{"rendered":"Sumar de Diamela Eltit: el excedente radical de la ficci\u00f3n, por Julio Ramos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333; font-size: 21px;\">Querr\u00eda hablarles hoy sin m\u00e1s fundamento que la memoria de la conmoci\u00f3n que la lectura de los escritos de Diamela Eltit ha suscitado en varios momentos de la vida de un lector, aunque reconozco que ese efecto tan vital de la lectura empalma inmediatamente con varias discusiones decisivas que, de hecho, organizan un horizonte com\u00fan de preocupaciones y vocabularios, protocolos de pensamiento y compromiso pol\u00edtico-afectivo. Ese horizonte seguramente tiene mucho que ver con las genealog\u00edas m\u00faltiples y comunes de la reflexi\u00f3n sobre un entramado que junta vida, literatura y pol\u00edtica. Creo que la pregunta sigue siendo pertinente: \u00bfc\u00f3mo se juntan o se separan vida, literatura, pol\u00edtica?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333; font-size: 21px;\">Me refiero, para darles s\u00f3lo un ejemplo, al efecto que produjo en varios de nosotros, a mediados de la d\u00e9cada del 90, la lectura de un libro ins\u00f3lito titulado <em>El infarto del alma<\/em>, sobre el viaje de Diamela Eltit y la fot\u00f3grafa Paz Err\u00e1zuriz al Hospital Siqui\u00e1trico de Putaendo, donde las viajeras, en una especie de peregrinaci\u00f3n a los extremos m\u00e1s vulnerables de la vida, descubren \u2014para su sorpresa y la de sus lectores\u2014 a un grupo de pacientes emparejados, conjunciones de cuerpos y vidas desiguales, cabe suponer, de locos enamorados, movilizados por las irreducibles aunque fr\u00e1giles l\u00f3gicas de la reciprocidad y la proximidad requeridas para la sobrevivencia. Desde sus primeros libros, Diamela Eltit ha puesto la atenci\u00f3n m\u00e1s aguda de su trabajo en el pulso y el agotamiento de la vida ubicada en los l\u00edmites de los \u00f3rdenes simb\u00f3licos o en las fronteras de la literatura misma: vidas en entornos sometidos a presiones de violencia y control extremos, bajo formas brutales del poder, en zonas-l\u00edmite donde colapsan incluso los nombres, los propios y los comunes, las palabras que todav\u00eda nos quedan para expresar lo que hay de irreducible o de intransferible en la humanidad misma. All\u00ed se develaba una nueva relaci\u00f3n entre la pr\u00e1ctica literaria y los cuerpos m\u00faltiples de la condensaci\u00f3n pol\u00edtica. Su pregunta, tal vez m\u00e1s urgente ahora que nunca antes, interroga lo que puede decirnos hoy por hoy la pr\u00e1ctica literaria sobre la proximidad de los sujetos y las formas que surgen en los extremos de estos \u00f3rdenes, sus estremecimientos y abismos. En <em>El Infarto del alma<\/em>, el fragmentario testimonio del viaje puntualizado por los destellos de una escritura que conjugaba la elipsis y el intervalo po\u00e9tico con la fotograf\u00eda y la reflexi\u00f3n te\u00f3rica, inauguraba un raro protocolo de experimentaci\u00f3n que posiblemente relacionar\u00edamos hoy con las expansiones de la literatura contempor\u00e1nea: operaciones formales y mezclas de materiales que desbordaban los g\u00e9neros reconocibles de la literatura y nuestros h\u00e1bitos de lectura. Al conjugar imagen y palabra, <em>El infarto del alma<\/em> potenciaba un trabajo colaborativo entre la fot\u00f3grafa y la escritora que colectivizaba incluso la categor\u00eda fundante del autor, instancia all\u00ed de un junte colaborativo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333; font-size: 21px;\">La novela que comentamos hoy, <em>Sumar<\/em>, como sugiere el t\u00edtulo, interroga las formas y las categor\u00edas que integran los cuerpos en una suma pol\u00edtica, aunque ahora en el marco de una ficci\u00f3n especulativa, de entorno dist\u00f3pico, sobre las transformaciones del trabajo y el peligro de extinci\u00f3n de todo un gremio: los vendedores ambulantes, \u201chijos del genocidio industrial\u201d, como los llama la narradora de esta novela sobre la progresiva desmaterializaci\u00f3n del trabajo y de la vida en los reg\u00edmenes cibern\u00e9ticos contempor\u00e1neos. En las palabras de la ambulante que narra la novela, la tocaya de Aurora Rojas, \u201cformamos una asamblea integrada por antiguos acr\u00f3batas, sombrereros, mueblistas, sastres o recicladores o ebanistas, o piratas, labriegos o excedentes o cocineras o mucamas o artesanos o expatriados que ahora solo trabaj\u00e1bamos con un ah\u00ednco feroz en las veredas\u201d. Los ambulantes son los \u00faltimos custodios de una vida material que se esfuma bajo los reg\u00edmenes hipostasiados, inmateriales y descarnados, de una econom\u00eda virtual que redise\u00f1a la vida de las ciudades de acuerdo a un modelo higi\u00e9nico y securitario bajo un plan casi inescapable que supone, para los ambulantes, la reducci\u00f3n de las veredas, la pasteurizaci\u00f3n de la vida callejera, la persecuci\u00f3n policiaca de su sonoridad reverberante, los colores brillantes, el olor vibrante y saltar\u00edn de la fritura: formas de una sensibilidad que en otro lugar Diamela Eltit ha identificado con el disperso caudal de los saberes c\u00f3micos de la calle, fuente sensorial de su anarco-barroco. Con m\u00e1s tiempo, convendr\u00eda considerar en detalle el desaf\u00edo que la ficci\u00f3n de Diamela opone a un discurso te\u00f3rico fundado en la idealizaci\u00f3n del mercado informal y del trabajo precario ejemplificado por los ambulantes, tradici\u00f3n que acaso comienza con los estudios program\u00e1ticos de Hernando de Soto sobre la econom\u00eda informal en el Per\u00fa, en los momentos iniciales de un debate anti-estatista, de cu\u00f1o neoliberal, y que pasa luego, con signo pol\u00edtico muy distinto, al abordaje de las pr\u00e1cticas plebeyas, resignificadas por el gesto cr\u00edtico de Ver\u00f3nica Gago en su libro sobre las ferias del mercado negro de La Salada en la Argentina. En efecto, la ficci\u00f3n de Diamela Eltit elabora espacios altamente conceptuales, esferas imaginarias, donde la novela trabaja puntualmente un interfaz de la teor\u00eda pol\u00edtica contempor\u00e1nea, especialmente a partir de toda una gama de discusiones inspiradas por la irrupci\u00f3n de nuevas formas de activismo y emplazamiento urbano frecuentemente identificadas con los movimientos OCUPA a partir del 2011. Me refiero, por ejemplo, a las amplias discusiones sobre la cuesti\u00f3n de la asamblea y las nuevas formas de intervenci\u00f3n desatadas en las pol\u00edticas de la multitud. La ficci\u00f3n desaf\u00eda las categor\u00edas y las condensaciones de la teor\u00eda mediante una serie de operaciones que distancian la novela de las pr\u00e1cticas m\u00e1s reconocibles o habituales de la meta-ficci\u00f3n contempor\u00e1nea, muy marcada por la deriva borgeana de la ficci\u00f3n hacia la voz ensay\u00edstica o auto-reflexiva. En un sentido inesperado, la novela de Diamela repotencia la escritura de la ficci\u00f3n como un <em>trabajo artesanal<\/em> de la lengua, mediante el relevo de voces como materia m\u00ednima del acto de novelar. Esto se nota particularmente en la distribuci\u00f3n meticulosa de las formas del discurso referido y otras operaciones que inscriben los tonos, cuerpos y mundos de las voces m\u00faltiples; voces de otros que cohabitan la voz de la narradora, la tocaya multiplicada de Aurora Rojas. Y digo que se trata de un trabajo <em>artesanal<\/em>, consciente del desfase o anacronismo que supone este tipo de pr\u00e1ctica narrativa en una novela sobre las l\u00f3gicas cibern\u00e9ticas de la desmaterializaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333; font-size: 21px;\">En <em>Sumar<\/em>, los ambulantes se organizan en una gran marcha para recorrer 12.500 kil\u00f3metros en 360 d\u00edas, movilizaci\u00f3n de la \u201c\u00faltima multitud\u201d impulsada por el deseo de la destrucci\u00f3n final de la moneda (la moneda\/La Moneda), el centro neur\u00e1lgico del poder \u2014arquitectura del Estado y cifra de las transferencias del capital financiero\u2014 cuya quema ha sido visualizada en los sue\u00f1os y premoniciones de la narradora. A pesar del agotamiento de los cuerpos, de la tos asm\u00e1tica o del dolor en los ri\u00f1ones que atrasa o detiene el paso, las tocayas se suman contra un orden capaz del exterminio final de los ambulantes y del trabajo mismo, seg\u00fan lo conocemos, en la subsunci\u00f3n absoluta de las formas corp\u00f3reas, concretas, de la vida. La multitud se encamina a la destrucci\u00f3n de la moneda, pero la progresi\u00f3n lenta y an\u00e1rquica de la marcha, es vigilada por la omnipresencia de una nube, condensaci\u00f3n mayor de la inteligencia artificial, custodiada por drones que capturan la imagen y cifran el movimiento de los cuerpos en mapas virtuales de la configuraci\u00f3n neuronal de los sujetos. Se trata, en efecto, de un r\u00e9gimen de control donde cada una de las partes lleva la marca de las mutaciones del todo. \u00bfC\u00f3mo zafar de ese orden?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333; font-size: 21px;\">Una pregunta de Diamela Eltit, en esta novela sobre el peligro extremo (y perfectamente actual) de la subsunci\u00f3n absoluta de la vida, tiene entonces que ver, primeramente, con lo que queda fuera de la nube, es decir, el excedente vital que fundamenta la creaci\u00f3n o movilizaci\u00f3n de formas alternativas de proximidad y sinergia de los cuerpos, la grieta o punto ciego de la nube, donde intentan expandir su espacio de acci\u00f3n los cuerpos disidentes, las partes insubordinadas de la condensaci\u00f3n o la estructura. Lo que supone, simult\u00e1neamente, un debate sobre los espacios restantes de la acci\u00f3n pol\u00edtica, es decir, sobre los \u00f3rdenes alternativos que articulan las partes en l\u00f3gicas y operaciones colectivas de la participaci\u00f3n. Y al mismo tiempo, esto supone tambi\u00e9n una pregunta sobre la forma de la novela como ensamblaje pol\u00edtico y modelizaci\u00f3n alternativa de las voces y los tiempos en la superficie misma de la dimensi\u00f3n material de las palabras. Me refiero, como les dec\u00eda, a los relevos de la voz en la novela en un complejo entramado puntualizado por las coordinaciones y subordinaciones de voces y esferas de vida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333; font-size: 21px;\">La narradora de esta ficci\u00f3n ambulatoria es la tocaya y frecuentemente el relevo indistinguible de Aurora Rojas: \u201ccr\u00edtica, desconfiada, disidente\u201d, opositora no solamente del orden de la nube, sino de las maniobras internas de la dirigencia de la marcha y del predominio de los intereses m\u00e1s fuertes sobre el sentido com\u00fan de la asamblea. La narradora \u2014colectora de sue\u00f1os, conjuros y cachivaches\u2014 est\u00e1 dotada por la vocaci\u00f3n y el saber del reciclaje, donde el estilo combinatorio a\u00fana materiales desechados, de utilidad redimible, que consignan tiempos arcaicos y a la vez actuales, restos de formas de vida y sobrevivencia, como los ambulantes mismos. En su propio cuerpo, en su cerebro, la narradora lleva una multitud: cuatro nonatos de una deliberada tendencia anarquistas, vidas de lo que aun-no-existe, es decir, en estado virtual, aunque de fuerza material, f\u00edsica, que la narradora-madre se ve obligada a administrar o controlar. As\u00ed, de hecho, se potencia la vida en esta novela, entre dos tipos de energ\u00eda o fuerza: por un lado, la potencia material, m\u00faltiple, aunque dispersa y a veces casi exhausta de los cuerpos, y por otro lado, la consistencia inmaterial de formas de condensaci\u00f3n y control que proliferan, se agregan y se suman. El control entonces se multiplica no tan s\u00f3lo en las operaciones de la nube y de los drones, a cada vuelta del camino, sino tambi\u00e9n en las subordinaciones internas que regulan el paso y ordenan la energ\u00eda de la marcha que, como pueden imaginarse, tiene vanguardia y retaguardia: las mujeres ambulantes marchan atr\u00e1s, al frente van los pilotos que aceleran el tiempo como si se tratara de una carrera. Es decir, el emplazamiento de los cuerpos en la movilizaci\u00f3n pol\u00edtica y la distancia entre las voces de la asamblea distribuye u ordena los cuerpos de acuerdo a principios regimentados de valor, de acuerdo a su potencial de acci\u00f3n o de performatividad pol\u00edtica. De ah\u00ed que la compulsi\u00f3n contempor\u00e1nea de cierto activismo sea tambi\u00e9n objeto de cr\u00edtica y burla. F\u00edjense, por ejemplo, en el peso que cobra Casimiro Barrios en la novela, figura emblem\u00e1tica de una dirigencia que centraliza la marcha y la asamblea, en cuya figura, el poder de la elocuencia empalma con un carisma sexualizado, seductor, al que le se suma luego el vigor perform\u00e1tico y la inteligencia actualizada de \u00c1ngela Mu\u00f1oz Arancibia y de su compa\u00f1ero, el rapero Dicky, los artistas de la marcha. Los performeros de la marcha le suman alegr\u00eda y sentido a la vida callejera, pero no logran reconocer, en su af\u00e1n de actualidad y protagonismo, los ritmos distintos, los tiempos asincr\u00f3nicos o incluso arcaicos de ontolog\u00edas y formas de vida que convergen y se dividen en la marcha.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333; font-size: 21px;\">Como operaci\u00f3n de una l\u00f3gica pol\u00edtica, entonces, sumar, agregar, implica el despliegue de los principios de la juntura o el ensamble, pero al mismo tiempo supone una distribuci\u00f3n desigual de fuerzas. La novela <em>Sumar<\/em> no subsume los restos de la profunda divisi\u00f3n que consigna el intrigante ep\u00edgrafe que antecede la narraci\u00f3n. Me refiero a la carta que escribe el padre de Ofelia Villarroel Cepeda, obrera desaparecida, arrestada a pocos d\u00edas del golpe del 1973, durante una redada militar en la f\u00e1brica Sumar, taller textilero, destacada como experimento de socializaci\u00f3n del trabajo y de la producci\u00f3n bajo la Unidad Popular, y recientemente conmemorada como patrimonio cultural y valor archiv\u00edstico. El padre de la obrera, Santiago Villarroel Cepeda, escribe una carta para reclamar lo que resta de su hija Ofelia, sepultada en una fosa de ubicaci\u00f3n imprecisa, en \u201cuna caja de una persona del sexo masculino\u201d. La carta expresa la tensi\u00f3n profunda entre la escritura protocolar del padre y un dolor irrevocable. El ep\u00edgrafe introduce un excedente documental del cuerpo desaparecido, el resto que queda fuera, inscrito en el borde mismo de esta ficci\u00f3n de Diamela Eltit donde la historia de las transformaciones y de la precarizaci\u00f3n rampante del trabajo empalma con el origen violento, militar, del neoliberalismo en Chile. Aunque la carta no vuelve a mencionarse expl\u00edcitamente en la ficci\u00f3n, se sugiere que los nonatos que la narradora porta en su cerebro, son los custodios o archiveros del secreto, el arresto y desaparici\u00f3n de la obrera textil en la f\u00e1brica Sumar, lo que nos recuerda tambi\u00e9n que la suma, la asamblea o el agregado pol\u00edtico, est\u00e1n siempre transitados por la huella de una resta, el excedente radical de Diamela Eltit. \u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333; font-size: 21px;\">* <span style=\"font-size: 18px;\">Texto le\u00eddo en la presentaci\u00f3n de la novela<em> Sumar<\/em> (Seix Barral, 2018) de Diamela Eltit el 28 de noviembre de 2018 en New York University. Mi agradecimiento a la autora y a Rub\u00e9n R\u00edos \u00c1vila por la invitaci\u00f3n a participar en esta conversaci\u00f3n, donde tambi\u00e9n fue un placer compartir con la poeta y ensayista Aurea Mar\u00eda Sotomayor. Agradezco tambi\u00e9n la lectura y sugerencias de Luis Othoniel Rosa y Carlos Labb\u00e9.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"font-size: 18px; font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; color: #333333;\">Fotograf\u00eda perteneciente a <em>El infarto del alma. <\/em>Mimesis agradece a Paz Err\u00e1zuriz la autorizaci\u00f3n para su reproducci\u00f3n.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Querr\u00eda hablarles hoy sin m\u00e1s fundamento que la memoria de la conmoci\u00f3n que la lectura de los escritos de Diamela Eltit ha suscitado en varios momentos de la vida de un lector, aunque reconozco que ese efecto tan vital de la lectura empalma inmediatamente con varias discusiones decisivas que, de hecho, organizan un horizonte com\u00fan [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1119,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[18,21],"tags":[],"class_list":["post-1108","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-blog","category-tercera-orilla"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1108","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1108"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1108\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1158,"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1108\/revisions\/1158"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1119"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/edicionesmimesis.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}